Juegos de Azar en la Literatura

Entretenimiento en el Casino Published on 06/24/2013

Los juegos de azar en la literatura han estado presentes en toda la historia y esto lo sabemos porque se han encontrado en muchos textos de grandes autores, desde filósofos, pensadores y científicos o textos legales u otra índole.

Si comenzamos con la mitología, podemos leer sobre la historia de Mercurio. Éste había ganado a la luna en una partida de backgammon un halo luminoso, pero su afán de apostar, hizo que se apostara una séptima parte de su luz a Selene. Y si el juego ya se encontraba en la mitología antigua, también estaba presente ya en el siglo XVII A.C., durante el imperio babilónico, en el cual se prohibió toda lotería ajena al templo o al palacio.

Para ser más exactos, en el código de Hammurabi (conjunto de leyes de la antigua Mesopotamia) se convertía los sorteos en reserva fiscal, y esta práctica se sigue realizando hoy también, ya que no hay país en el que no se celebre una lotería.

Pero incluso muchos grandes filósofos de la historia se dedicaron a escribir sobre los juegos de azar en la literatura. Platón hablaba sobre uno de los pueblos que más admiraba, los egipcios, quienes consideraban al juego un invento de Zeud (un demonio distinguido), pero callaba su propia opinión al respecto. En textos de Aristóteles, se encuentran largas referencias sobre los jugadores de juegos de azar a los que no veneraba en absoluto, sino que los representaba como personas ingratas y delincuentes. Esta opinión la utilizaba para descalificar a gran parte del pueblo griego, decididamente propenso a las emociones del azar.

Todo esto muestra que el juego existe desde el principio de la historia, y eso no es todo. No solo podemos encontrar referencias en la lejana historia sobre los juegos de azar en la literatura, sino que muchos reyes se mostraban grandes jugadores, y sus leyes eran más laxas que otras.

Por ejemplo, Alfonso X cuando se le pidió que persiguiera el juego, se conformó con dictar el "Ordenamiento de las Tafurerfas", de Tafur, luego tahúr, y que es una palabra que se refiere a bandoleros tan crueles que se decía que llegaban a comer carne humana, pero que fue perdiendo ese sentido para centrarse a ser un adjetivo para personas que viven del juego o que hace trampas. Su ley fue muy laxa porque incluso él era un gran jugador.

Otros como Ricardo Corazón de León y Felipe I antes de partir hacia las Cruzadas, se encargaron de dictar una reglamentación sobre la cantidad de dinero que podía jugarse, según el rango militar de la persona. Pero otros grandes batalladores como Carlomagno simplemente prohibieron totalmente la afición al juego, aunque los cónsules romanos, siglos antes, hubieran tenido una posición más moderna: hacían pagar impuestos a los regentes de apuestas, lo cual se sigue realizando hoy en día.

Einstein y los Juegos de Azar en la Literatura

Si nos desplazamos a grandes personajes más modernos, vemos que incluso el gran científico Albert Einstein introduce los juegos de azar en la literatura. Se dice que utilizó su brillante inteligencia para buscar la manera de vencer a la ruleta. Y es que Einstein estudió y buscó siempre fórmulas universales que, quizá, lo llevó a encontrar la clave del éxito en cualquier juego de azar, pero desde luego que no lo compartió. Lo que sí que nos dejó Einstein fue una frase muy controversial para su tiempo: ”Dios no juega a los dados con el universo”, lo que causó un gran conmoción ya que venían de un científico.

Pero sus resultados sobre el estudio de la ruleta le llevaron a decir que “La forma más segura de ganar dinero en un casino es asaltarlo con una pistola”.  Y es que todos sabemos que existe un margen de la casa, pero es precisamente ese margen que otras mentes lo han podido romper, y sino que se lo digan a los estudiantes de MIT lo que consiguieron con el blackjack.

Fiódor Dostoyevski y El Jugador

Es de todos es conocida la biografía de Dostoyevski, en la que se le describe como jugador empedernido. Por lo que no nos es raro que dedicara una de sus novelas a esta temática, “El jugador” la que muchos creen que es una autobiografía.

La novela refleja no solo la propia adicción de Dostoyevski al juego de la ruleta durante su estancia en Wiesbaden, sino que también su pasional estadía en Europa con Apollinaria Prokofievna Suslova, de quien se enamoró perdidamente.